Noviembre 02 2009

Posesión demoníaca fatal

emily5[1]Una tarde de diciembre recibí en mi oficina una llamada desesperada de doña Lupe, quien aseguró que desde hacía varios meses su hija Rita acostumbraba jugar con la ouija y el comportamiento de la muchacha había cambiado paulatinamente, llegando al extremo de golpear a su madre y amenazar a sus hermanas y a su padre con un cuchillo. Le practicaron varios estudios clínicos físicos y mentales, que revelaron que su hija estaba clínicamente sana, por lo que optó por pedir la opinión de una vecina que practicaba el espiritismo.

Al ver a Rita la vecina se espantó y dijo a su madre que la joven estaba endemoniada y tendrían que exorcizarla; agregó que ella no podía ayudarla y no volvió. Doña Rita y su marido, angustiados y confundidos, se echaron en busca de un curandero que les habían recomendado y lo llevaron ante su hija, que en ocasiones se ponía tan mal que tenían que amarrarla a la cama. Al llegar al cuarto de la joven el curandero encendió un anafre y comenzó a practicar una limpia a la muchacha, para lo cual pidió a la familia que los dejaran solos. Pasaron unos diez minutos y se escucharon unas horribles carcajadas. Era una voz gruesa y cavernosa, como de bestia, que jamás se había escuchado en esa casa.

A la vez hubo un estruendo terrible, como si destruyeran los muebles de la habitación. Llenos de angustia y pánico, los padres de Rita se dirigieron a la habitación y al abrirla encontraron a su hija saltando en la cama y carcajeándose burlonamente con la espeluznante voz. En las manos teñidas de sangre sostenía mechones de cabello y no cesaba de proferir toscos insultos contra el curandero.
—¡Ahí tienen a su gallo! Tráigame otro, porque este pen… no sirvió para nada. ¡Ja ja ja!
El curandero se hallaba inmóvil en el piso, quemándose, porque el anafre encendido estaba debajo de él. Su cabeza casi no tenía cabello, pues Rita se lo había arrancado a tirones. Como pudo, la pareja lo sacó de la recámara, arrastraron el cuerpo del hombre y luego cerraron con llave.
Asustada, la madre de Rita fue por alcohol para reanimar al curandero, que parecía muerto. Minutos más tarde reaccionó y profirió terroríficos gritos.
—¡Es el diablo! —decía— ¡Es el diablo! Continuar leyendo… »

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