Ivan Hermida nos escribe: Hola. Les remito un artículo publicado el 30 de octubre por el periódico reforma. Básicamente es respecto a la impunidad existente alrededor del templo de San Hipólito cada día 28:
Los jóvenes que acuden a la iglesia de San Hipólito para agradecer a San Judas su ayuda, toman y se drogan.
Argumentan agentes que tienen órdenes de vigilar, pero no de detener a los peregrinos, por eso no hacen nada al ver que se drogan
Nota de: Ricardo Rivera y Juan Corona
Ciudad de México (30 octubre 2009).- Los festejos de San Judas Tadeo se han convertido en un escenario de impunidad.
Jóvenes peregrinos se drogan, ingieren bebidas alcohólicas e incluso hablan sobre planes para delinquir, literalmente en las narices de la Policía.
Todos los días 28, cerca de 100 mil peregrinos acuden a la Iglesia de San Hipólito a venerar a San Judas Tadeo y agradecerle los favores concedidos.
En los alrededores, la SSP local despliega a 400 agentes que tienen la orden de concentrarse únicamente en delitos de alto impacto.
El Secretario de la SSP del DF, Manuel Mondragón, aseguró que el operativo por la celebración de San Judas Tadeo no era coercitivo, pues se trató de estar presentes y evitar cualquier contingencia a los asistentes a la iglesia de San Hipólito.
Por otro lado, el director de la Policía de Proximidad, Lorenzo Fernández Nieto, comentó que el operativo fue un éxito porque tuvieron un aforo superior a los 90 mil feligreses y no se registró ningún incidente.
Jesús, un joven de 15 años, viene desde Ecatepec para que le bendigan la figura de San Judas hecha de cerámica y que sostiene con la mano derecha, mientras que con la izquierda sujeta una bola de papel de baño mojada con thinner que inhala constantemente.
El adolescente no deja de respirar en su “mona”, a pesar de que frente a él pasa un grupo de cinco oficiales de la Unidad de Protección Ciudadana Buenavista.
En una de las entradas del Metro Hidalgo se han concentrado alrededor de 200 jóvenes, quienes sin inmutarse, combinan refresco con Vodka Oso Negro en vasos de plástico que descansan sobre la banqueta, mientras que otros se terminan una caguama de cerveza.
La noche ha caído y los peregrinos continúan llegando, mientras encienden cohetones; el olor a pólvora se pierde por el fuerte olor a mariguana que llega desde donde se encuentran los peregrinos, algunos de los cuales cargan bebés vestidos con túnicas de color blanco y verde.
En eso, Jesús saca una servilleta de papel de una cangurera y enseguida un frasco con activo para mojarla; la acción es detectada por tres jovencitas que le piden un poco.
“Cada mes es lo mismo: los chavos vienen con sus ‘monas’, sus cervezas y se ponen a tomar, pero nosotros tenemos la orden de no remitirlos a un juzgado cívico.
“Además, lo que nos piden los jefes es que nos enfoquemos en los delitos de alto impacto, nosotros creemos que eso está mal porque uno de estos chavos drogado ya no mide sus acciones y puede cometer un delito mayor porque no piensa lo que hace”, explicó uno de los agentes en turno.