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><channel><title>Marcianos &#187; La mano peluda</title> <atom:link href="http://marcianos.com.mx/tag/la-mano-peluda/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" /><link>http://marcianos.com.mx</link> <description>entretenimiento en multiples dosis de diversion, imagenes, revistas, famosas, videos, facebook, curiosidades, enigmas y misterios</description> <lastBuildDate>Fri, 25 May 2012 21:29:40 +0000</lastBuildDate> <language>en</language> <sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod> <sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency> <generator>http://wordpress.org/?v=3.3.2</generator> <item><title>La casa de Fidel</title><link>http://marcianos.com.mx/la-casa-de-fidel/</link> <comments>http://marcianos.com.mx/la-casa-de-fidel/#comments</comments> <pubDate>Mon, 21 Dec 2009 15:59:38 +0000</pubDate> <dc:creator>Hery Emmanuel</dc:creator> <category><![CDATA[Enigmas y misterios]]></category> <category><![CDATA[Entretenimiento]]></category> <category><![CDATA[Ocio]]></category> <category><![CDATA[enigmas]]></category> <category><![CDATA[historias de terror]]></category> <category><![CDATA[juan ramon]]></category> <category><![CDATA[La mano peluda]]></category> <category><![CDATA[miedo]]></category> <category><![CDATA[MISTERIOS]]></category> <category><![CDATA[terror]]></category><guid
isPermaLink="false">http://marcianos.com.mx/?p=9339</guid> <description><![CDATA[<p><p><a
href="http://marcianos.com.mx/la-casa-de-fidel/">La casa de Fidel</a></p><p>Una noche me llamó doña Paty y me platicó que su marido había heredado una propiedad ubicada en una antigua colonia de la ciudad de México. Y dijo que en vano trataban de remozarla, porque a los albañiles contratados los espantaban y no duraban trabajando ni dos días seguidos. Seguramente recuerda esta historia, la vivimos [...]</p></p><p><a
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href="http://marcianos.com.mx/la-casa-de-fidel/">La casa de Fidel</a></p><div
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style="text-align: center;"><a
href="http://marcianos.com.mx/wp-content/uploads/2009/12/casa-embrujada.jpg"><img
class="size-full wp-image-9340 aligncenter" title="casa-embrujada" src="http://marcianos.com.mx/wp-content/uploads/2009/12/casa-embrujada.jpg" alt="" width="500" height="448" /></a></p><p
style="text-align: justify;">Una noche me llamó doña Paty y me platicó que su marido había heredado una propiedad ubicada en una antigua colonia de la ciudad de México. Y dijo que en vano trataban de remozarla, porque a los albañiles contratados los espantaban y no duraban trabajando ni dos días seguidos. Seguramente recuerda esta historia, la vivimos juntos.</p><p
style="text-align: justify;">Doña Paty y su marido, incrédulos, decidieron pasar una noche en el inmueble, pero esta fue la más terrible experiencia de sus vidas. Desde que entraron a la casa tuvieron la extraña sensación de que eran observados y sintieron miedo, acompañado de un frío especial, pero ellos, al fin escépticos, no dieron mayor importancia a estos hechos. Las horas pasaban y sus ojos permanecían abiertos. Después de dar varias vueltas en la cama sin conciliar el sueño, justo a las dos y media de la mañana el frío se agudizó y en ese momento una horrible sombra de dos metros se manifestó frente a ellos, a la vez que escuchaban un desgarrador alarido. Era un ser diabólico que se abalanzó sobre el marido de doña Paty y lo inmovilizó de inmediato. La señora saltó de la cama aterrorizada pidiendo auxilio y tenebrosamente los muebles y objetos del cuarto empezaron a vibrar como si tuvieran vida propia. Con un esfuerzo desesperado el señor logró liberarse del extraño ente y la pareja salió despavorida a la calle, él en calzoncillos y ella con su delgada bata, de modo que dejaron su ropa, otras pertenencias y sobre todo las llaves del auto estacionado en la calle.</p><p
style="text-align: justify;">Más tarde, sin comprender lo que había pasado y aún sin recuperarse del susto, en forma desesperada pidieron ayuda a una patrulla de policía que pasó por el lugar. Los policías no creyeron lo que el matrimonio contaba y por la forma en que los encontraron pensaron que la pareja estaba alcoholizada o drogada, así que llamaron refuerzos. Enseguida llegaron dos patrullas más y después de hacer preguntas y más preguntas propusieron a los propietarios entrar a la casa, ya que estaban seguros de que se trataba de delincuentes que habían espantado al matrimonio para ahuyentarlo y robarle. Más tarde seis policías entraron tras forzar la puerta y el matrimonio quedó a resguardo en una patrulla. Transcurrieron cuatro o cinco minutos y se escucharon tres balazos dentro de la casa. En medio de gritos y desconcierto los gendarmes salieron corriendo alarmados, pálidos y con caras de angustia, hasta parecía que habían visto al mismísimo pingo. Uno de ellos se resbaló en la puerta, se golpeó la cabeza y sufrió una herida a lo que no dio importancia, se levantó y rápidamente entró a su patrulla. Sólo Dios y los policías saben que vieron dentro de la casa. El jefe se dirigió al matrimonio. &#8220;Quién sabe que tiene esta casa —dijo—, si gustan los llevamos a un hotel o a otro lugar, pero no volveremos a entrar&#8221;.<span
id="more-9339"></span></p><p
style="text-align: justify;">Como el matrimonio no tenía otro lugar propio adonde ir en esta ciudad, pues residían en Aguascalientes, llegaron al departamento de la hermana de doña Paty y, agitados, le narraron lo sucedido, cosa que la hermana no creyó. El marido de doña Paty juró que no volvería a entrar a esa casa y se limitó a enviar por sus pertenencias y las de su esposa al otro día. Después, la señora se comunicó conmigo para que le ayudara a encontrar una explicación lógica de lo ocurrido. Días más tarde la cité en mi oficina y me platicó la sorprendente historia de la misteriosa casona de la colonia Roma.</p><p
style="text-align: justify;">Era una casa antigua, de 120 años de edad, que en los años setenta del siglo xx era habitada por Fidel y sus abuelos, pues los padres del muchacho habían fallecido años atrás. Fidel era un joven rebelde que cursaba el segundo año de vocacional y por entonces se había convertido en un vago y se iniciaba como consumidor de drogas. Los abuelos habían perdido casi toda autoridad sobre él, así que Fidel hacía lo que quería, pero las circunstancias empeoraron en la medida en que los abuelos iban enfermando a causa de la vejez y de que el joven empezó a practicar ritos diabólicos con unos muchachos que conoció en su escuela y que pertenecían a una secta.</p><p
style="text-align: justify;">Fidel y sus amigos, primero todos los viernes y al final todas las noches, realizaban ritos en el sótano de la vieja casona, celebraciones que mezclaban con el consumo de drogas y alcohol, así como orgías acompañadas de gran escándalo, sin importarles las molestias que causaban a los dos ancianos, quienes se encerraban en su recámara temerosos de que el nieto o alguno de sus amigos les hiciera daño.</p><p
style="text-align: justify;">Pero lo peor estaba a punto de ocurrir. Cuentan los vecinos que, en esos tiempos, durante tres o cuatro días no supieron de los viejos ni de Fidel. Era extraño, pues el abuelo salía todas las mañanas a barrer su banqueta, si bien a la abuela se le veía poco porque padecía una lesión en la columna que no la dejaba caminar. Los ancianos contaban con la estimación de sus vecinos, los cuales se desconcertaron al no saber nada de ellos.</p><p
style="text-align: justify;">Al cabo de una semana de la casa empezó a emanar un pestilente olor a podrido, insoportable para quien pasaba por el lugar. Algunos vecinos, alarmados y preocupados por los ancianos y su nieto, se dirigieron a las autoridades y lograron que los agentes policíacos entraran a la casa forzando las cerraduras.</p><p
style="text-align: justify;">Al abrir la puerta el olor a muerte se acrecentó, lo que obligó a los agentes y vecinos a protegerse la nariz con pañuelos para resistir la repugnante pestilencia. Alicia, la dueña de la tienda de enfrente, comenzó a llamar a los ancianos y al nieto por sus nombres, a gritos, y no obtuvo respuesta. Llenos de incertidumbre, los agentes, Alicia y algunos vecinos subieron al primer nivel, donde se encontraban los dormitorios, y descubrieron que la recámara de los abuelos estaba abierta. Grande fue la sorpresa al hallar una escena terrible, macabra: los cuerpos sin vida de los ancianos yacían sobre una vieja cama matrimonial, desnudos y en medio de un manchón de sangre seca. Por si fuera poco, cada uno tenía clavada una estaca de madera a la altura del corazón, y ambos se encontraban en evidente estado de descomposición, hinchados, amoratados, con los ojos abiertos y una expresión de terror que estremeció a los presentes.</p><p
style="text-align: justify;">Alicia no pudo soportarlo. Exclamó &#8220;¡Dios mío!&#8221;, cayó desmayada y tuvieron que sacarla del lugar. Pero no terminó aquí el episodio. Policías y vecinos continuaron el recorrido por la casona y al llegar al baño, al final de un pasillo, nuevamente el terror hizo presa de ellos, cuando encontraron a Fidel desnudo, colgado de una lámpara con una cadena metálica, y en el piso un recado que decía:</p><p
style="text-align: justify;">&#8220;Señor, perdóname, pero no podía dejar a mis abuelos con este sufrimiento&#8221;, y mostraba unos extraños símbolos. La noticia de tan horripilantes y misteriosas muertes corrió como pólvora por toda la colonia y más tarde por todo el país. Fue una de las notas importantes de los periódicos y noticieros de aquellos años. La vieja casona de Fidel fue clausurada por las autoridades y abandonada más de una década, hasta que a mediados de los años ochenta doña Paty y su marido ganaron un juicio intestamentario y fueron designados por el juez herederos de la propiedad. Pero al paso del tiempo se convencieron de que se trataba de una casa maldita.</p><p
style="text-align: justify;">La visita a la casona.</p><p
style="text-align: justify;">Era una situación incomprensible para doña Paty y su marido. Aunque la historia era increíble, la angustia y desesperación de la señora me habían conmovido. Así que con mis productores Gina e Ignacio acordamos que en tres días visitaríamos la casa en compañía de los para-sicólogos que en ese tiempo nos asistían y haríamos una transmisión en vivo de lo que allí ocurriera.<br
/> El día llegó y, como es costumbre cuando hago este tipo de visitas, me protegí con ayuno y unas oraciones que años atrás me había entregado un amigo que es ministro de la iglesia católica.</p><p
style="text-align: justify;">A las nueve y media de la noche llegamos un chofer, un fotógrafo y yo a bordo de una camioneta de la empresa radiofónica. En el lugar se encontraban doña Paty, el doctor y el profesor, nuestros asesores en parasicología, en una noche con una enorme luna llena, sobre un cielo despejado. En el ambiente se dejaba sentir, más que preocupación, un ligero miedo por los horripilantes hechos que habían ocurrido en el interior de esa vieja casa.</p><p
style="text-align: justify;">La dueña de la casa nos advirtió que no entraría con nosotros, y en el momento en que nos abrió la puerta ya estaba lista la comunicación con la emisora a través de teléfonos celulares.<br
/> Todo estaba preparado para lo que sería la primera transmisión de radio en vivo desde una auténtica casa embrujada. En la cabina mi amigo Modesto, quien me suplió en la conducción de ese programa, se mostraba intrigado por lo que pasaría en las próximas horas. Realizar una trasmisión con esas características no era tarea fácil, ya que nadie sabe cómo responder ante un susto del más allá.</p><p
style="text-align: justify;">Iniciamos nuestro recorrido. Primero encontramos un gran recibidor que en el fondo dejaba ver algunos muebles que algún día habían servido en la sala y el comedor. Antes manipulamos los interruptores que nos indicó doña Paty, pero la luz no era suficiente, ya que algunos focos estaban fundidos. En el centro del lugar colgaba del techo un hermoso candil y la parte central del piso estaba cubierta por un tapete que parecía muy antiguo y muy caro. El ambiente se había tornado tenso, pesado. El profesor se separó del grupo y comenzó a subir una escalera que conducía al primer nivel. Inesperadamente un alarido aterrador nos quitó la respiración y le indiqué al profesor que se reintegrara al grupo.</p><p
style="text-align: justify;">No sabía qué pensar. Había vivido varias experiencias sobrenaturales, pero en este caso en especial dentro de mí se alojaba el extraño presentimiento de que alguien muy malo y poderoso nos esperaba. En ese momento cruzaron mi mente varias ideas encontradas y llegué a pensar que todo era una broma de mal gusto tramada con el propósito de burlarse de nosotros y del programa. Y en ese instante preciso, ante nuestros ojos un jarrón se deslizó unos 20 centímetros sobre un mueble, sin que aparentemente nadie lo moviera. El ambiente se tensó aún más, mientras el termómetro del doctor, quien se hallaba a mi lado, señaló que intempestivamente la temperatura había bajado de 18 a 10 grados centígrados. Quise accionar mi cámara para captar los hechos, pero el artefacto no respondió.</p><p
style="text-align: justify;">No me quería quedar con la duda, así que me acerqué al jarrón y observé que su movimiento había dejado marcada la trayectoria en el polvo que cubría la vitrina de caoba sobre la cual estaba colocado. Y para mi sorpresa no existían hilos o algún mecanismo que lo movieran. Para no entrar en estado de sugestión, pensé mejor que había visto mal y todo era producto de mis nervios.<br
/> El profesor portaba un medidor de campos electromagnéticos que nos indicaba actividad energética. Al orientarlo, nos llevó al viejo tapete que había en la entrada. El doctor lo levantó por una esquina y nos sorprendió ver una estrella de cinco puntas con signos raros. Sacaron una brújula y por la posición nos dimos cuenta de que este símbolo era de oscuridad, lo cual parecía indicar que allí se realizaron algún día misas negras y otros ritos demoníacos.</p><p
style="text-align: justify;">El frío y un extraño olor a humedad, a podrido, eran muy presentes en la casa. Después de que los parasicólo-gos realizaron algunas anotaciones y observaron los símbolos que contenía la estrella que estaba bajo la alfombra, decidimos subir al primer nivel, donde se encontraban los dormitorios. Lo hicimos en penumbras, pasando sobre la alfombra café con dibujos que a cada paso despedía polvo, pues mucho tiempo estuvo abandonada.</p><p
style="text-align: justify;">La temperatura bajaba significativamente. Caminamos con cautela por un largo pasillo y encontramos la recámara de los abuelos. Intenté encender la luz, pero el foco estaba fundido. Sólo alcanzábamos a observar el interior gracias a la luz del pasillo, que se filtraba por una de las ventanas. Vimos una vieja cama matrimonial de latón, la cual sólo tenía un colchón azul con rayas blancas y unas grandes manchas negruzcas. Al iluminar las manchas con una pequeña lámpara, nos dimos cuenta de que era sangre seca. El panorama era muy tenebroso y, para más, se escuchaba en una de las paredes cierto golpeteo que adjudiqué a la casa contigua.<br
/> Al recordar que precisamente en esa cama habían sido asesinados brutalmente dos ancianos, se me pusieron los pelos de punta. En el muro de la derecha se encontraba un gran clóset de madera, dividido en dos partes. Justamente cuando el doctor lo abría, la puerta se cerró azotándose. Primero pensé que el profesor la había azotado, pues se encontraba cerca de ella, pero me extrañó que dijera:<br
/> —¡Esa puerta se cerró sola!</p><p
style="text-align: justify;">La preocupación y el miedo se apoderaron de mí. Existía la posibilidad de que alguien ajeno a nosotros la hubiera cerrado y estuviera detrás jalándola, por lo que me asomé por la ventana que daba al pasillo para, según yo, descubrir a ese alguien. Mientras, el profesor intentaba desesperadamente abrir la puerta. Gran sorpresa me llevé al cerciorarme de que nadie se encontraba del otro lado de la puerta. Sólo Dios sabía quién la estaba cerrando.</p><p
style="text-align: justify;">Inmediatamente nos acercamos el doctor y yo para ayudar al profesor a jalar la puerta y abrirla. Después de varios intentos al fin lo logramos. Traté de aplicar la lógica y me dio por creer que en un descuido el profesor la había empujado y al cerrarse, tratándose de una puerta muy vieja, el cerrojo se había corrido quedando trabado. No le dimos mayor importancia al asunto y salimos de la habitación en un silencio que significaba desconcierto por lo que hasta ese momento habíamos experimentado. Entramos a lo que fue la recámara de Fidel. En ese lugar sentí un escalofrío y en seguida un vacío en el estómago, que me produjo muchas ganas de vomitar. Siempre que siento algo así, rezo mentalmente, en este caso porque sabía que se trataba de signos inequívocos de que algo muy malo se encontraba custodiando el lugar.</p><p
style="text-align: justify;">Aquí la luz iluminaba más que en la otra habitación. Aunque el foco del cuarto tampoco servía, una de las bombillas del pasillo se encontraba más cerca. Observamos una cama individual con un colchón sin cobijas. Había más desorden que en la recámara anterior; polvo, basura y un olor a podrido más intenso, que comenzaba a escocer nuestras gargantas.<br
/> Me encontraba aproximadamente a un metro de la cama y de pronto empezamos a escuchar algo así como arañazos dentro de un ropero que se encontraba semiabierto. La temperatura comenzó a descender aún más y llegó a los cinco grados según el termómetro del doctor. En verdad, era un lugar que daba miedo y asco. Luego notamos unos ruidos debajo de la cama, primero débiles, pero en pocos minutos subieron de volumen. Nos llevamos una gran impresión cuando increíblemente la cama comenzó a brincar. Sobresaltado, grité: —¡La cama! ¡La cama se está moviendo! Impactado por lo que veía fui retrocediendo lentamente y llegué a uno de los muros. Sentí una ráfaga de aire frío sobre la cara y al darme vuelta me encontré con una horrible cara de diablo pintada con sangre en la pared. Me llevé uno de los sustos más grandes de mi vida.</p><p
style="text-align: justify;">Los parasicólogos y yo formamos un círculo y empezamos a orar en latín, pero la cama no cesaba de moverse de arriba abajo, como si estuviera bailando, y la intensidad de las pocas luces del pasillo comenzó a bajar, a subir. Era una de mis primeras intervenciones en un lugar con tanta actividad sobrenatural. Al ver todo esto mi corazón empezó a latir a toda prisa, mi respiración era agitada. Estaba a punto de entrar en pánico y por fin la cama empezó a detenerse. Los parasicólogos me dijeron que siguiera orando y que no debíamos separarnos.</p><p
style="text-align: justify;">Es fácil relatar lo que vivimos en esa casa maldita, pero estar dentro se me hizo eterno. Ya más calmado quise hallarle una explicación lógica a lo que pasaba. Por un momento creí que alguien se encontraba debajo de la cama y la movía. Cautelosamente me acerqué para investigar y no había nadie. Entonces, como segunda opción, pensé que había un mecanismo, tal vez unos alambres que hicieran que la cama se moviera, pero tampoco hallé nada. Finalmente quedé convencido de que el ser o los seres que se encontraban en aquella habitación poseían gran poder.</p><p
style="text-align: justify;">Pensé en salir de la casa, pero me aterraba el hecho de atravesar solo el pasillo y la sala en penumbras. Elegí quedarme y le dije al doctor que mejor saliéramos, pero me respondió que forzosamente debíamos terminar lo que habíamos iniciado. Agregó que pensara en la protección de Dios y no me preocupara. Descubrimos que debajo de la siniestra cama había también un dibujo de una estrella de cinco puntas con símbolos y escritos en arameo. Los parasicólogos dijeron que eran invocaciones satánicas y decidimos dejar la cama en su lugar. El doctor se dirigió al ropero y encontró un libro de magia negra. En ese preciso instante una sombra de unos dos metros comenzó a manifestarse y salió del ropero. Era como un gran cuerpo de humo negro que se desplazó lentamente hacía el muro contiguo y desapareció. Luego surgieron tres esferas luminosas que, flotando ante nuestras atónitas miradas, se desvanecieron.</p><p
style="text-align: justify;">Nunca había visto algo parecido y, por más que me esforcé en no mostrar terror ante lo que se nos presentaba, el público que escuchaba en vivo la transmisión de radio puede dar fe de lo que sentía yo en ese momento. Oramos hasta que el frío y el olor pestilente casi desaparecieron. Entonces bajamos. Me sentía muy mal, con ganas de vomitar, un intenso dolor de cabeza y muy mareado, por lo que los parasicólogos accedieron a que abandonáramos la casa.</p><p
style="text-align: justify;">Al salir el doctor me revisó y me dijo que mi presión arterial estaba baja y era conveniente que me fuera al hospital. Todo me daba vueltas y creí que me iba a desmayar. El doctor llamó por teléfono a sus compañeros de un hospital cercano y me internaron y salí al día siguiente. El doctor y el profesor se quedaron una hora más y descubrieron que el sótano de la casa era el lugar de reunión, donde algún día se celebraron misas negras que a la larga fueron la causa de tanta tragedia y hechos sobrenaturales. Hubo siete sesiones más y hoy la casa sigue teniendo manifestaciones extrañas, aunque de nivel bajo. Lo último que supe de la casona de Fidel fue que una señora, al escuchar en La Mano Peluda lo que allí ocurría, inició los trámites para comprarla. ¿Usted se imagina con qué fin? Bueno, en gustos se rompen géneros, ¿no creen?</p><p
style="text-align: justify;">Juan Ramón Saenz &#8211; La mano peluda</p></div><p>Entradas Relacionadas:<ol><li><a
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href="http://marcianos.com.mx/el-caso-de-josue/">El caso de Josué</a></p><p>Esta historia de terror emitida en vivo por el programa &#8220;La Mano Peluda&#8221; la puedes escuchar en YouTube desde aquí. La siguiente historia esta contada desde la perspectiva del conductor del mismo programa, aun así no deja de ser aterradora. Una de las historias más famosas del programa es el caso de Josué, un joven [...]</p></p><p><a
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href="http://marcianos.com.mx/el-caso-de-josue/">El caso de Josué</a></p><div
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style="text-align: center;"><img
class="size-full wp-image-8407 aligncenter" title="grito2-1[1]" src="http://marcianos.com.mx/wp-content/uploads/2009/11/grito2-11.jpg" alt="grito2-1[1]" width="500" height="335" /></p><p>Esta historia de terror emitida en vivo por el programa &#8220;<strong>La Mano Peluda</strong>&#8221; la puedes escuchar en YouTube desde <a
href="http://marcianos.com.mx/la-mano-peluda-el-caso-josue/">aquí</a>. La siguiente historia esta contada desde la perspectiva del conductor del mismo programa, aun así no deja de ser aterradora.</p><p
style="text-align: justify;">Una de las historias más famosas del programa es el caso de Josué, un joven que un día, en compañía de su abuelita, su mamá y dos hermanitos cruzó la frontera en busca de una mejor condición de vida. Al paso del tiempo su situación era precaria y Josué, como hijo mayor, vivía desesperado por hallar la solución para que su familia dejara de padecer la pobreza. Trabajaba en un lado y en otro, ganando apenas lo suficiente para comer, y un día amaneció con una idea que según él remediaría todo: vender su alma al mal.<br
/> Al cabo de 11 meses este joven consultó, investigó, consiguió algunos libros de magia negra y una noche se le aparecieron en su cuarto tres sombras que le dijeron:<br
/> —Josué, así que quieres dinero y poder.<br
/> —Sí, es mi mayor deseo —respondió el joven.<br
/> —Entonces, para cerrar el trato necesitamos el alma de un ser querido.<br
/> —¿Cómo un ser querido? —dijo Josué sobresaltado— Si estoy haciendo todo esto es precisamente para que ellos estén bien.<br
/> —Si realmente quieres que tu familia deje de padecer hambre, debes entregarnos el alma de uno de sus miembros. Tienes hasta la próxima luna llena para hacerlo; de lo contrario, te va a pesar.</p><p
style="text-align: justify;">Y las sombras se fueron. Esa noche fue la más larga en la vida de Josué. No durmió pensando en lo que las sombras le habían dicho y a su cerebro llegaban pensamientos encontrados. Y al otro día se enteró de que faltaban dos noches para la luna llena y él tenía que resolver la situación.<span
id="more-8406"></span></p><p
style="text-align: justify;">Un joven de apenas 16 años, con el firme deseo de cambiar el destino de su familia, frente a la oportunidad que por mucho tiempo había buscado decidió llevar a cabo el siniestro plan. El problema era a quién de sus familiares entregaría. &#8220;A mis hermanitos, no, los quiero mucho. ¿A mi madre? Tampoco, ella me dio la vida&#8230; Ya sé, a mi abuelita, al fin ella ya vivió.&#8221; Y así llevó a cabo el macabro hecho. El joven me narró que una noche asfixió a su abuela. Posteriormente, al hacer los trámites de muerte, las huellas del crimen inexplicablemente habían desaparecido y el hecho parecía una muerte natural. A partir de ese momento Josué recibió un anillo que simbolizaba su compromiso con el mal, y la vida de su familia y la suya por fin cambiaron. Empezó a recibir dinero, lo que le permitió continuar sus estudios. Se abrieron todos los caminos y descubrió en su cerebro una gran facilidad para aprender. Cierto día se separó de su familia para irse a vivir solo. Al paso del tiempo concluyó sus estudios y obtuvo el título de biólogo. Más tarde realizó el doctorado y tiempo después fundó una empresa. Al parecer lo tenía todo, menos tranquilidad interna. El remordimiento a veces era borrado por la abundancia de lujos y las excentricidades. Josué ahora tenía dinero y cierto estatus que le permitía tener y hacer casi todo lo que deseaba. Nadie sabe por qué, pero su familia se había alejado de él. Su soledad únicamente la paliaba con el dinero, la vanidad, los bienes, pero su vida estaba completamente vacía.</p><p
style="text-align: justify;">Estarán de acuerdo en que era una historia poco común y muy impresionante. Hasta ese momento podía ser cierta o no, cosa que se me aclaró cuando, durante una entrevista telefónica con Josué, el ambiente de la cabina poco a poco fue cambiando. Empezó a salir frío de bajo la mesa, lo que me inquietó mucho. En ese preciso instante Josué nos sorprendió a los radioescuchas y a mí cuando desesperadamente mencionó que un ente se aproximaba a él.<br
/> —Es una mujer que flota y tiene una enorme boca de donde surge una lengua como de serpiente. Ahora está frente a mí y trae algo en la mano.<br
/> —¿Qué trae en la mano? —le pregunté.<br
/> —Una cruz invertida que en el centro tiene algo como un ojo —respondió el joven entre sollozos—, pero lo que me preocupa es que me dijeron que cuando viera esto me iba a morir.</p><p
style="text-align: justify;">Comenzó a llorar con un llanto lleno de angustia y terror. Le dije que se tranquilizara y escucharíamos a un experto en estos casos.<br
/> En ese momento mandé a corte comercial y solicité a mis productores que me comunicaran con el pastor Roberto Guazo, uno de los más importantes colaboradores del programa, un hombre comprometido con sus creencias y dueño de gran experiencia en casos espirituales difíciles. Fuera del aire comenté con el pastor el caso y lo que me estaba ocurriendo en la cabina. Me dijo que la situación del joven era muy grave y que invocara a Dios y abriera la sagrada Biblia. Así, los seres de maldad que habían llegado a la cabina se irían en la medida en que permaneciera en calma, pasara lo que pasara. Por supuesto, él hablaría con este joven que necesitaba ayuda urgente.<br
/> Entramos nuevamente al aire y Josué me indicó que el ser se le había aparecido meses atrás y en esa ocasión lo había golpeado como castigo, ya que había regalado dinero a uno de sus empleados que se encontraba en apuros y eso lo tenía estrictamente prohibido. En su casa diariamente aparecían fuertes cantidades de dinero, pero era exclusivamente para gastos personales y no podía regalarlo en beneficio de persona alguna.</p><p
style="text-align: justify;"> El pastor Guazo intervino y le preguntó si estaba realmente arrepentido y si quería que esto terminara. El joven contestó afirmativamente. Luego el pastor le pidió que fuera por su Biblia y la abriera porque iniciarían una oración. Josué lo intentó, pero dijo al pastor que no la podía abrir. El pastor se puso a orar y el ser en forma de mujer se retiró. Nuevamente le pidió que abriera la Biblia y Josué manifestó angustiosamente que estaba como pegada y no la podía abrir. En ese instante Josué, alarmado, nos comunicó que había más seres que se aproximaban.<br
/> —Son tres seres horribles. Ayúdenme, por favor.<br
/> —¡Josué!, toma la Biblia y ábrela, vamos a orar —dijo el pastor.<br
/> —¡No puedo! Ellos me están pegando —dijo Josué espantado y llorando.<br
/> —Entonces repite conmigo —le indicó el pastor, y juntos oraron, pero al joven lo interrumpían unos gruñidos que provenían de aquellos seres.</p><p
style="text-align: justify;">De verdad, viví una horrible experiencia cuando estos seres empezaron a hacer ruidos como cerdos y en tono de burla. El pastor Guazo interrumpió la oración y se dirigió enérgicamente a ellos.<br
/> —En el nombre de Dios, cállense. Por la bendita sangre de Cristo, les ordeno que se callen.<br
/> Mientras, Josué que no podía orar lloraba con angustia y pedía que lo ayudáramos porque los demonios lo estaban golpeando en las costillas. En la cabina estábamos sinceramente espantados y casi llegamos al pánico cuando el frío se acrecentó y al recitar el salmo 91 de la Biblia la hoja se enrolló sola y comenzó a desenrollarse y enrollarse de nuevo. Esto lógicamente no podía ocurrir de la nada y no le encontramos explicación. Después una computadora portátil que utilizo para leer los correos electrónicos del programa lanzó un destello en la pantalla y se apagó. Todo esto acontecía mientras el pastor trataba de expulsar a los diablos que estaban con Josué. A pausas, con mucha dificultad, el joven repetía la oración que el pastor mencionaba y lentamente llegó la calma en la casa de Josué y en la cabina. El frío había cesado, pero la computadora no funcionaba. Por cierto, mi computadora portátil tenía garantía vigente y al llevarla a reparar al centro especializado los técnicos, extrañados, me preguntaron si la había golpeado o sometido a un voltaje más alto, a lo que respondí que no. Ellos no se explicaban por qué la pantalla había destellado y se había apagado. Según ellos no era lógico, ya que el aparato no mostraba huellas de haber sido golpeado y los circuitos de la pantalla se encontraban en buen estado y esto técnicamente no era posible. Al final le instalaron una pantalla nueva. Estaba por finalizar la transmisión del programa. El joven Josué, más tranquilo y algo desconcertado, mencionó que a las cuatro de la madrugada tendría que celebrar un ritual en un cerro cercano a su casa. El pastor Guazo le recomendó que no lo hiciera si deseaba terminar con esa pesadilla que había transformado su vida. El joven accedió y, como ese viernes el tiempo de programa se me terminaba, quedamos en que se pondría a orar y a reflexionar y el siguiente lunes entablaríamos comunicación. Una vez terminada la transmisión, se quedó platicando unos minutos con el pastor.</p><p
style="text-align: justify;">El lunes, al comunicarnos a su casa nos contestó uno de los empleados de Josué y dijo que el joven había sufrido un accidente el fin de semana y se encontraba en el hospital. Georgina Avilez persuadió al empleado de que hablara con nosotros al aire, ya que cientos de llamados telefónicos y correos procedentes del país y del extranjero solicitaban información de su estado. El empleado, que dijo llamarse Roberto, habló conmigo, pero no me decía qué le había pasado a Josué. Ante mi insistencia manifestó que no sabía exactamente qué había pasado, sólo sabía que al joven lo habían golpeado brutalmente y le habían enterrado un crucifijo en el vientre, por lo que estaba grave en un conocido hospital. No sabía sinceramente si creerle o no, por lo que Gina, la productora de contenidos del programa, hábilmente investigó el teléfono del hospital, que se encontraba en el vecino país del norte, y hablé con una trabajadora social. Me preguntó si era algún familiar, pues no había nadie con él y se encontraba muy grave. Había sido sometido a una intervención quirúrgica de alto riesgo y se encontraba en la sala de terapia intensiva. Las próximas 72 horas serían críticas y por eso solicitaban que un familiar acompañara a Josué. Solicité al aire que los familiares del joven acudieran al llamado del hospital y, como llamábamos a diario, nos enteramos de que no se presentó nadie de su familia. Dos semanas después logré hablar con Josué en el hospital y me contó lo que ocurrió aquella misteriosa noche. Los seres que lo golpeaban mientras estaba orando con el pastor, regresaron más tarde y comenzaron a destruir todo lo que había en su cuarto. Los focos y los floreros estallaban, tiraban los libreros y demás muebles, y las sillas y otros objetos volaban por el cuarto como si tuvieran vida propia.  Finalmente una gran sombra se plantó frente a él y le recriminó con furia.<br
/> —¡Te lo advertimos, hijo de p&#8230;! Ahora vas a recibir tu castigo y te vas a pudrir en los infiernos.<br
/> Este poderoso demonio tomó un crucifijo que algún día su abuelita le había regalado y sin piedad lo incrustó en su vientre, causándole una grave hemorragia que le hizo perder el conocimiento, que no recuperó sino hasta ese día. Pasó un mes. En el hospital lo habían dado de alta, por lo cual retornó a su casa. Allí solamente respondía a nuestros llamados una contestadora electrónica. Dejamos varios mensajes y perdimos contacto con él.</p><p
style="text-align: justify;">Este caso era uno de los que me quitaba el sueño. Pensando en el joven y en la posibilidad de ayudar a que saliera de tan espantosa situación, crucé la frontera para dirigirme a su casa, situada en una zona lujosa cercana a Los Ángeles, California. Me costó trabajo, pero logré localizar la calle donde se ubicaba el domicilio. Detuve mi coche y me dirigí a unos muchachos que se encontraban en un vehículo por allí estacionado. Les pregunté si conocían a Josué y uno de ellos, serio y extrañado, me preguntó en inglés:<br
/> —¿Es usted policía?<br
/> —No.<br
/> —Entonces aléjese de aquí. Ellos son gente mala.<br
/> Y sin decir nada más cerró la ventanilla y el vehículo arrancó. Quedé sorprendido por lo que me había dicho aquel joven y localicé el número de la casa. Tenía al frente un jardín grande y arreglado y la reja estaba abierta. Entré y llegué a la puerta principal. Era una casa lujosa, pero de construcción extraña, que se diferenciaba del estilo de las demás. Era como una vieja casona europea del siglo pasado, con grandes puertas y amplios ventanales. Toqué la puerta y salió un hombre alto, delgado, de tez blanca. Parecía sajón, muy pálido y con una mirada extraña, y cargaba un gato negro. Detrás de él se distinguía una sala enorme, pero en gran desorden y con un olor como a excremento. Se me quedó viendo como preguntándome qué quería.<br
/> —Buenos días. ¿Habla español?<br
/> No me respondió con palabras. Sólo meneó la cabeza e indicó que sí. Un escalofrió recorrió mi cuerpo.<br
/> —Mire usted, ando en busca de un joven de nombre Josué —y expliqué brevemente que había hablado con él y me encontraba preocupado por su estado—. ¿Se encuentra él?<br
/> Nuevamente, el pálido sólo movió la cabeza para indicarme que no y cerró la puerta en mi nariz. Subí al vehículo que había rentado y me retiré, pensando en lo extraño de todo este caso. Dos días más tarde volví a México. Pasaron quince días y recibí una llamada de Josué a eso de las tres de la tarde. Me dijo que se encontraba mejor y estaba recibiendo ayuda espiritual en una iglesia que le recomendó el pastor Guazo. No había vuelto a su casa porque le habían permitido quedarse en las instalaciones adjuntas al templo. Le platiqué a Josué que estábamos preocupados y lo había ido a buscar a su casa y me contestó:<br
/> —No puede ser, mi casa está abandonada. Yo no quise regresar por miedo a otro ataque y mis empleados se fueron porque los asustaban mucho.</p><p
style="text-align: justify;">Consideré la posibilidad de haberme equivocado, pero al mencionar las características de la finca, todas coincidían. No me había equivocado. Hoy, Josué se encuentra en un monasterio, donde recibe ayuda espiritual y psicológica. No tiene permitido hablar del tema porque según los médicos que lo atienden esto retrasaría su recuperación. Espiritualmente evoluciona con la energía que le proporciona su arrepentimiento y su reencuentro con Dios. Ojalá que la próxima vez que hablé con Josué sea para que nos dé la noticia de que esa infernal pesadilla ha quedado en el pasado. Sólo una cuestión me quedó por aclarar. ¿Quién me abrió la puerta de esa mansión tan llena de maldad, la casona de Josué? ¿Usted se lo imagina? Ese recuerdo lo he dejado donde debe estar: en el olvido.</p></div><p>Entradas Relacionadas:<ol><li><a
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href="http://marcianos.com.mx/posesion-demoniaca-fatal/">Posesión demoníaca fatal</a></p><p>Una tarde de diciembre recibí en mi oficina una llamada desesperada de doña Lupe, quien aseguró que desde hacía varios meses su hija Rita acostumbraba jugar con la ouija y el comportamiento de la muchacha había cambiado paulatinamente, llegando al extremo de golpear a su madre y amenazar a sus hermanas y a su padre [...]</p></p><p><a
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href="http://marcianos.com.mx/posesion-demoniaca-fatal/">Posesión demoníaca fatal</a></p><div
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style="text-align: justify;"><img
class="alignleft size-full wp-image-8188" style="border: 1px solid black;" title="emily5[1]" src="http://marcianos.com.mx/wp-content/uploads/2009/11/emily51.jpg" alt="emily5[1]" width="350" height="262" />Una tarde de diciembre recibí en mi oficina una llamada desesperada de doña Lupe, quien aseguró que desde hacía varios meses su hija Rita acostumbraba jugar con la ouija y el comportamiento de la muchacha había cambiado paulatinamente, llegando al extremo de golpear a su madre y amenazar a sus hermanas y a su padre con un cuchillo. Le practicaron varios estudios clínicos físicos y mentales, que revelaron que su hija estaba clínicamente sana, por lo que optó por pedir la opinión de una vecina que practicaba el espiritismo.</p><p
style="text-align: justify;">Al ver a Rita la vecina se espantó y dijo a su madre que la joven estaba endemoniada y tendrían que exorcizarla; agregó que ella no podía ayudarla y no volvió. Doña Rita y su marido, angustiados y confundidos, se echaron en busca de un curandero que les habían recomendado y lo llevaron ante su hija, que en ocasiones se ponía tan mal que tenían que amarrarla a la cama. Al llegar al cuarto de la joven el curandero encendió un anafre y comenzó a practicar una limpia a la muchacha, para lo cual pidió a la familia que los dejaran solos. Pasaron unos diez minutos y se escucharon unas horribles carcajadas. Era una voz gruesa y cavernosa, como de bestia, que jamás se había escuchado en esa casa.</p><p
style="text-align: justify;">A la vez hubo un estruendo terrible, como si destruyeran los muebles de la habitación. Llenos de angustia y pánico, los padres de Rita se dirigieron a la habitación y al abrirla encontraron a su hija saltando en la cama y carcajeándose burlonamente con la espeluznante voz. En las manos teñidas de sangre sostenía mechones de cabello y no cesaba de proferir toscos insultos contra el curandero.<br
/> —¡Ahí tienen a su gallo! Tráigame otro, porque este pen&#8230; no sirvió para nada. ¡Ja ja ja!<br
/> El curandero se hallaba inmóvil en el piso, quemándose, porque el anafre encendido estaba debajo de él. Su cabeza casi no tenía cabello, pues Rita se lo había arrancado a tirones. Como pudo, la pareja lo sacó de la recámara, arrastraron el cuerpo del hombre y luego cerraron con llave.<br
/> Asustada, la madre de Rita fue por alcohol para reanimar al curandero, que parecía muerto. Minutos más tarde reaccionó y profirió terroríficos gritos.<br
/> —¡Es el diablo! —decía— ¡Es el diablo!<span
id="more-8187"></span></p><p
style="text-align: justify;">Sangrando de la cabeza y muy golpeado, no hizo caso de las preguntas que le hacían y salió enloquecido, olvidando incluso sus pertenencias, para nunca volver. Doña Lupe y su familia se vieron como al principio, sin saber qué hacer o a quién acudir, viviendo en la impotencia y el terror por lo que le ocurría a su hija Rita. Confieso que abrigué dudas en cuanto a lo que doña Lupe me relató, pero no puedo negar que estaba muy impresionado, sobre todo por la forma desesperada en que decía las cosas, con momentos en que su voz era interrumpida por la angustia y el llanto. Esto generó en mí un enorme deseo de que se tratara de una enfermedad y no de la presencia del maligno.</p><p
style="text-align: justify;">Es muy difícil que sucedan casos de posesión. Según las estadísticas de expertos exorcistas, de cada 200 personas reportadas como posesas solamente un caso es auténtico. Y es que ciertas alteraciones mentales, como la personalidad múltiple o un síntoma esquizoide, pueden confundirse fácilmente con un caso de posesión. Los verdaderos exorcistas atienden siempre la posibilidad de una posesión, pero hay signos específicos que presentan quienes tienen este tipo de problemas, entre los que destacan:</p><p
style="padding-left: 30px; text-align: justify;">—Que hable una lengua o dialecto nunca antes aprendido por el poseso.<br
/> —Que su vientre o la garganta presenten inflamación temporal o permanente.<br
/> —Que presente repudio total contra imágenes divinas, agua bendita, oraciones o rezos, y lo manifieste en forma agresiva y violenta.<br
/> —Que duerma y coma poco. -Que le moleste la luz.<br
/> —Que sean desagradables su aliento y su humor corpóreo.<br
/> —Que, en ocasiones, en el sitio donde se encuentra la persona se registre una notable baja de temperatura.<br
/> —Que después de cada crisis el presunto poseso no recuerde nada, y que presente pérdida de energía y cansancio.</p><p
style="text-align: justify;">Sorprendentemente, Rita presentaba todos estos signos, según la señora. Y al verla tan confundida, le dije que era urgente que la joven tuviera supervisión médica constante y también que era necesario que un exorcista experimentado investigara el caso para determinar si se trataba de una posesión. Añadí que si algo podía hacer por ella o por su hija, lo haría con mucho gusto.</p><p
style="text-align: justify;">—Mire, Juan Ramón —repuso—, un amigo del trabajo de mi marido le dijo que fuéramos a un templo ubicado en un estado vecino y que allí hay unos sacerdotes autorizados para practicar este tipo de rituales. Sé que tal vez usted no me cree, pero quiero que se cerciore de que digo la verdad. Y si le he hablado de nuestro sufrimiento es para que en su programa aconseje a los jóvenes que no se metan en estas cosas, porque se pagan muy caro. Y no sólo pagan ellos, sino que para la familia esto resulta un verdadero infierno.<br
/> Y de nuevo doña Lupe se desató en llanto. Juro que se me formó un nudo en la garganta.<br
/> Acordamos que los visitaría tres días después y en tanto ellos harían lo necesario para que los sacerdotes recomendados fueran a reconocer a su hija Rita. Durante el fin de semana estuve pensando en ese caso, que me había dejado muy impresionado, y pidiéndole a Dios que Rita estuviera bien y se tratara de un mal psicológico. Aunque había leído varios libros sobre posesiones y exorcismos, era la primera vez que me veía frente a una persona que posiblemente tuviera ese problema y tenía mucho interés en investigar su situación.</p><p
style="text-align: justify;">Llegó el lunes. La noche anterior no podía conciliar el sueño y al despertar me sentí raro, como si algo me hiciera sentir un temor muy especial. Dediqué un tiempo a orar y me fui a casa de Rita asediado por el temor y el desconcierto.<br
/> En el camino me pasaron cosas extrañas. Dos veces estuve a punto de chocar y mi camioneta se detuvo en varias ocasiones sin motivo aparente, aunque sólo tenía dos meses de uso. Al llegar a la colonia ubicada en una zona popular de la ciudad, busqué la calle que me habían indicado e inexplicablemente nadie podía darme razón. Pasaron así unos cuarenta minutos y al cabo, con sorpresa, caí en cuenta de que había pasado frente a esa calle varias ocasiones sin verla, y puedo asegurar que no soy tan distraído como para que esto me hubiera ocurrido. Finalmente preferí no darle importancia a esos incidentes.</p><p
style="text-align: justify;">Llegué a la casa. Era una vecindad de construcción antigua, con un gran patio en el cual destacaban los tendederos y había algunos niños jugando. Me dirigí al departamento siete, en el primer nivel, y justo antes de tocar la puerta ocurrió otra situación extraña. Sentí que me tocaban el hombro, lo cual me sobresaltó, y al volverme vi a una anciana que vestía de negro.<br
/> —¿Que buscas? —me dijo— ¡Lárgate de aquí! ¿Qué no sabes que esta es la casa del diablo?<br
/> En ese preciso instante escuché que corrían el cerrojo de la puerta, lo que me hizo dirigir la vista hacía la entrada de la vivienda. Abrió una señora que me preguntó:<br
/> ¿Juan Ramón?<br
/> -Sí —respondí, y en ese momento me volví hacia donde se hallaba la extraña anciana. Y vaya sorpresa, la anciana ya no estaba, y no era posible que una señora de avanzada edad recorriese en cuestión de segundos un pasillo de cinco metros de largo hasta la puerta del departamento contiguo, donde hubiera podido entrar, pues no había posibilidad de que se ocultara en otro lugar.<br
/> Sentí un vacío en el estómago y un gran frío recorrió mi cuerpo.<br
/> —Soy la señora Lupe. Qué bueno que vino, Juan Ramón —me dijo la señora que había abierto la puerta—. Pero está muy pálido, ¿se siente bien?</p><p
style="text-align: justify;">—Claro —le respondí, y preferí no decir nada de lo que me acababa de pasar, pues ella tenía preocupaciones más importantes.<br
/> Entré a una pequeña sala comedor y me presentó a su marido, a dos de sus hijas y a tres señores familiares de ellos. Sentí una sensación de miedo y angustia y la cabeza empezó a dolerme. Doña Lupe me ofreció un té y en ese momento ella y su marido se soltaron llorando. Entrecortadamente mencionaban que ya no sabían qué hacer, llevaban semanas durmiendo de dos a tres horas por día. De verdad, se veían demacrados.<br
/> —Y Rita, ¿cómo se encuentra? —pregunté.<br
/> —Muy mal —respondió el marido—, acaba de irse el doctor que vino a revisarla. Anoche le pusieron una inyección para que durmiera, porque día y noche permanece despierta.</p><p
style="text-align: justify;">En ese instante llamaron a la puerta. Eran dos sacerdotes que por primera vez visitaban a Rita. Mencionaron que no habían acudido antes porque encontraron obstáculos para concretar la cita. Pidieron que las dos hermanas de Rita salieran de la casa porque iban a decir algunas oraciones y en caso de que hubiera posesión la conducta de la joven podría alterarse negativamente. Preguntaron por los estudios médicos practicados a Rita e hicieron saber al matrimonio que iniciarían un periodo de observación y pruebas, y en caso de que hubiera una posesión auténtica, inmediatamente comenzarían los trámites para el exorcismo. Los sacerdotes nos pidieron a los presentes que orásemos juntos por la pronta recuperación de la joven y para hacerlo sacaron de una pequeña maleta estolas, agua bendita y dos ejemplares de la Biblia. Uno de ellos se acercó y me dijo: &#8220;Yo no sé quién esté ahí dentro, pero dedícate a orar, no permitas que lo que diga o haga te distraiga. Y de preferencia, no le mires a los ojos&#8221;.</p><p
style="text-align: justify;">Nos explicaron que las posesiones rara vez se dan y son originadas por la presencia de seres infernales que se arraigan en el cuerpo de las personas gracias a alguna acción que les permita la entrada. Dijeron que esto era muy serio y debíamos guardar el mayor respeto y concentrarnos en nuestra fe en Dios, a fin de que el Señor librara de todo mal a la joven, a su familia y a los presentes. Una vez que estuvimos listos, el padre de Rita abrió la puerta de la recámara y entramos. En la habitación reinaba un completo desorden, olía un poco a humedad y otro poco a putrefacción. El ambiente era pesado y en la cama dormía una joven de unos veinte años. Uno de los sacerdotes indicó a los dueños de la casa que la despertaran para platicar con ella.<br
/> Rita despertó y mostró extrañeza de que estuviéramos en su habitación.<br
/> ¿Quiénes son estas personas? —preguntó— ¿Por qué están aquí?<br
/> —Vienen a visitarte porque te van a curar, hijita —le dijo su madre, y siguió platicando con ella en voz baja mientras los sacerdotes se disponían a rezar el santo rosario.<br
/> Rita daba de impresión de ser una persona normal. Su mirada era imprecisa y sus movimientos eran torpes, quizá porque acababa de despertar. Uno de los sacerdotes se acercó a ella.<br
/> —¿Cómo te sientes?<br
/> —Bien —repuso Rita.<br
/> —Mira, hija, yo soy el padre Germán y él es el padre Anselmo. Sabemos que estás enfermita y vamos a pedirle mucho a Dios que te cures pronto y vayas nuevamente a la escuela y hagas todo lo que te gusta, pero necesitamos que pongas mucho de tu parte. ¿Nos vas a ayudar?<br
/> —Sí, padre&#8230; Tengo sed.<br
/> La madre de Rita fue por agua mientras el papá acomodaba unas almohadas para que la joven se recostara. Todo parecía normal y yo hubiese podido asegurar que tenía frente a mí una persona que quizá padecía una alteración nerviosa que la obligaba a reaccionar en forma extraña. Pronto me di cuenta de que no era así.<br
/> Rita se puso cómoda; estaba tranquila. De pronto bajó la cabeza y la mantuvo así unos momentos. Cuando levantó el rostro sus facciones habían cambiado y el cambio se notaba sobre todo en la mirada. Tenía la cara algo inclinada hacia abajo y dirigía la mirada hacia nosotros, con una penetrante forma de mirar a cada uno de los presentes. En ese instante los demás estaban distraídos, esperando a la mamá de Rita, que había ido por agua. Creo que fui el único que se percató del cambio de la joven. Me volví hacia el padre Germán, llamé su atención y con la mirada le indiqué que viera a la joven.<br
/> Dé inmediato el sacerdote dijo: &#8220;Prepárense, vamos a empezar&#8221;. Y rápidamente él y el padre Anselmo se colocaron las estolas y fueron a un rincón, donde hablaron de algo que no escuchamos.</p><p
style="text-align: justify;">No sé si eran mis nervios, pero la habitación comenzaba a ponerse fría mientras Rita, callada y misteriosa, continuaba observándonos. En un momento su mirada se concentró en mí y me puse más nervioso ante su manera de mirar rara y desafiante. Para romper la tensión se me ocurrió sonreírle. Qué impresión tan grande cuando con voz cavernosa y grave me dijo:<br
/> —¿De qué te ríes, pen&#8230;?<br
/> En ese momento su mamá entraba al cuarto con un vaso de agua, y viéndola actuar de ese modo se dirigió a ella.<br
/> —Rita, hija, ¿qué te pasa? Tranquilízate, todo va a salir bien.<br
/> Rita la ignoró y continuó viéndome con actitud enfurecida. Yo había tenido la experiencia de platicar con personas que presentaban problemas de personalidad múltiple, aunque nunca con ese cambio de voz tan drástico, y pensé que el suyo era uno de esos casos.<br
/> —No sé cuanto habrás sufrido —me dirigí a la muchacha— para hacerle esto a la joven, pero si le pides perdón al maestro Jesucristo, él te perdonará.<br
/> No se lo hubiera dicho. Esto originó una de las más grandes impresiones que he tenido en mi vida. Increíblemente, sin hacer esfuerzo propio, es decir sin apoyarse en brazos ni piernas, acostada sobre la cama, algo que todavía no entiendo qué fue la empujó hacia arriba y la arrojó de su cama hasta cosa de un metro de donde yo me encontraba. Cayó de pie y al hacerlo un indescriptible frío se apoderó del lugar. Con una cara todavía más desfigurada, voz cavernosa y un asqueroso aliento, me gritó:<br
/> —¡Cállate hijo de la ch&#8230;, porque si no, voy a matarla a ella, a ti y a todos estos pin&#8230; entrometidos!<br
/> Y al final soltó una escalofriante carcajada.<br
/> Uno de sus familiares se abalanzó sobre ella y la tiró al suelo, al mismo tiempo que le extendía uno de los brazos y se arrodillaba sobre él. Ante el asombro de todos, Rita, o quien estuviera dentro de ella, con el brazo que tenía pegado al suelo y sobre el brazo un hombre que fácilmente pesaría unos 90 kilos, lo levantó y lo estrelló contra la pared que estaba a dos metros de distancia.</p><p
style="text-align: justify;">En ese instante el padre Germán se quitó la estola y colocó la cruz del bordado sobre la frente de la joven. Al mismo tiempo el padre Anselmo invocaba a Dios, lo que provocó que la joven soltara un fuerte alarido. Después, se tranquilizó.<br
/> Entre todos cargamos a Rita y la llevamos a su cama. Emitía unos gruñidos semejantes a los de un cerdo y un fuerte olor a podrido la envolvía. Enseguida los sacerdotes nos pidieron que saliéramos de la habitación, la cerráramos e hiciéramos oración mientras ellos permanecían en la recámara.<br
/> Ya en la sala, y sin habernos repuesto de la impresión, rezamos el santo rosario, que en ocasiones interrumpían algunos gritos de Rita y su horrible voz que nos decía:<br
/> —¡Ya cállense, malditos! Cállense, perros malditos, porque de todas maneras me la voy a llevar.<br
/> Transcurrieron unos 40 minutos para que terminásemos de orar y en ese momento ya no se escuchaba nada dentro de la habitación. Ninguno de nosotros hizo comentario alguno, creo que estábamos todavía muy impresionados e intrigados por lo que sucedía en la recámara. Aproximadamente 30 minutos después nuestro silencio fue interrumpido por los sacerdotes que salían del cuarto. Notoriamente cansados, pidieron agua y se dirigieron a los padres de Rita, preguntando cómo había iniciado todo esto y cuánto tiempo tenía. La pareja respondió a todas sus preguntas y las respuestas se ajustaban a lo que me había platicado doña Lupe cuando me llamó por teléfono.</p><p
style="text-align: justify;">Los religiosos, después de escuchar lo referente a Rita, concluyeron que notificarían a sus superiores y señalaron que, efectivamente, se trataba de una posesión, por lo que harían todo lo conducente para llevar a cabo el exorcismo lo más pronto posible. Como esta serie de rituales podría tomar varias sesiones, recomendaron que se hicieran oraciones a diario y que procuraran que la joven comiera y descansará lo más posible. Era necesario, agregaron, que un médico estuviera pendiente de su salud y que cuando se manifestaran estos seres que la muchacha tenía dentro los ignoraran y por ningún motivo entraran en discusión con ellos.</p><p
style="text-align: justify;">Los intentos que los sacerdotes hicieron, durante varias semanas, desgraciadamente resultaron inútiles, Rita tenía a los demonios muy arraigados en su cuerpo y su debilidad física extinguía la posibilidad de ser liberada. Tres semanas después, Rita falleció. Los médicos manifestaron que la causa de la muerte fue una serie de infartos cerebrales que la joven no pudo resistir. Y la vida de la familia de Rita quedó marcada para siempre por la terrible pesadilla.</p><p><em>Juan Ramón Saenz &#8211; La mano peluda.</em></p></div><p>Entradas Relacionadas:<ol><li><a
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href="http://marcianos.com.mx/fantasmas-en-casa/">Fantasmas en casa</a></p><p>La siguiente historia trágica y terrible también es real. Usted alguna vez escuchó algunos de los detalles en La Mano Peluda y nosotros realizamos una investigación especial, hasta las ultimas consecuencias. La historia comenzó 20 años atrás, cuando los miembros de una familia juntaron sus ahorros, compraron un terreno en las afueras de la ciudad [...]</p></p><p><a
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href="http://marcianos.com.mx/fantasmas-en-casa/">Fantasmas en casa</a></p><div
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class="size-full wp-image-7875 aligncenter" title="fantasmales" src="http://marcianos.com.mx/wp-content/uploads/2009/10/fantasmales.jpg" alt="fantasmales" width="450" height="338" /></p><p>La siguiente historia trágica y terrible también es real. Usted alguna vez escuchó algunos de los detalles en La Mano Peluda y nosotros realizamos una investigación especial, hasta las ultimas consecuencias.</p><p>La historia comenzó 20 años atrás, cuando los miembros de una familia juntaron sus ahorros, compraron un terreno en las afueras de la ciudad y poco a poco fueron construyendo una casa que constaba de seis departamentos en que se instalaron los padres y cada uno de los cinco hijos, ya casados. Por alguna razón en esta casa se jugó a la ouija y a partir de esa jornada todo en ella cambió y a los miembros de la familia les empezó a ir mal. En lo económico, su posición decaía paulatinamente sin que se conociera el motivo, y la salud de sus habitantes se veía afectada a partir de nada en especial.</p><p>Al paso de los años las cosas fueron de mal en peor, pero lo que más preocupaba a la familia era no saber la procedencia del radical cambio en sus vidas. En dos décadas murieron cinco miembros de la familia, inexplicablemente, y cada vez más se presentaban en cada uno de los seis departamentos fenómenos paranormales y enfermedades que tenían a esta gente al borde de la desesperación. Tres de las seis familias que habitaban la casa ya no dormían, porque de alguna forma la desgracia se cargaba más hacia ellas y ciertas situaciones extrañas les ocurrían con mayor frecuencia que a las demás, y esas situaciones eran cada vez peores. Les movían las camas cuando dormían, les tiraban los trastos de la cocina, constantemente aparecían sombras o permanecía un insoportable olor a podrido, por lo que decidieron irse a vivir a otro lado y la mitad de la casa quedó deshabitada.</p><p>Convencidos de que todo lo que sucedía podía ser consecuencia directa de que hubiesen invocado algo malo mediante la ouija, y con la necesidad imperiosa de recuperar la paz en sus vidas, cierto día solicitaron la ayuda de un sacerdote, con la intención de que celebrara algunas misas en el lugar y librara así a la casa de aquello extraño que había dentro. Días después un religioso de un templo cercano llegó a la casa acompañado por un miembro de estas familias, pero se detuvo en el zaguán y exclamó:<br
/> —Aquí hay algo muy malo y muy poderoso. Voy a consultarlo con mis superiores. Y no entró a la casa.</p><p><span
id="more-7874"></span></p><p>Semanas más tarde llevaron una bruja, quien aseguraba que podría liberar ese lugar de cualquier situación mala. Acompañada de su hija de aproximadamente 12 años comenzó a realizar una limpia. Detectó que debajo de la escalera que conducía al primer nivel se encontraba una puerta dimensional por la cual penetraban malos espíritus que provocaban situaciones raras en la casa; indicó además que eran muy fuertes, por lo que tendría que realizar varios ritos. Cuando terminó la primera de las limpias, al recoger sus cosas y retirarse su hija se empezó a comportar de forma extraña. Tenía la vista fija, no respondía a los llamados de su madre mientras iba hacia debajo de la escalera. Por más que su madre intentaba detenerla, ella no hacía caso, ante la mirada de varias personas que habitaban el lugar, hasta que de plano la madre la golpeó en la cara e hizo que reaccionara. Cuando la niña volvió en sí, desesperadamente comenzó a llorar y le explicó a su mamá que una fuerza extraña que por un momento se apoderó de su voluntad la llamaba para que fuera debajo de la escalera.</p><p>La bruja dijo a los presentes que ahí existía algo superior a sus dones y lo mejor sería que buscaran otra persona que los ayudara, pues ella no volvería. Tomó de la mano a su hija y salió de la casa. Posteriormente recibí una llamada de Carlos, un miembro de la familia que me contó lo anterior. Le propuse que viera que nos permitieran hacer una investigación y la familia aceptó. Dos días después salimos de la emisora y, como ya es costumbre en estos casos, no encontrábamos la calle, a pesar de que el conductor de la camioneta conoce bien la ciudad y sus alrededores, pues todos los días acude a diferentes puntos. Es curioso que cuando vamos a lugares donde hay hechos sobrenaturales nos suceda lo mismo o bien encontremos obstáculos. Los parasicólogos afirman que es la forma de proceder de algunas energías cuando se enteran de que podrían ser expulsadas.</p><p>Por fin arribamos a la casa. Acudimos una doctora en sicología —que además tiene amplios conocimientos de parasicología—, el maestro So ham —un hombre que ha dedicado casi toda su vida al estudio del mundo sobrenatural—, Ignacio Muñoz —uno de mis productores— y yo. Nos recibieron varios miembros de la familia. Carlos, el joven que me contactó, todavía no llegaba del trabajo. Y así comenzó la investigación y la transmisión en vivo.</p><p>Los parasicólogos, después de hacer algunas preguntas a los habitantes, procedieron a realizar un reconocimiento de la casa. Era una construcción de dos niveles, con un amplio estacionamiento y al fondo uno de los seis departamentos; al lado izquierdo, una escalera que conducía al primer nivel. Minutos después los parasicólogos me indicaron que precisamente debajo de la escalera se encontraba una puerta dimensional por donde podrían estar entrando y saliendo energías de varios tipos y niveles. La doctora me indicó que me parara debajo de la escalera y sintiera este pórtico.</p><p>Una sensación extraña se hizo presente en mí al estar en ese punto de la casa. Era difícil respirar, una impresión de angustia y un ligero frío recorrieron mi cuerpo. De pronto, extrañamente, sentí que me clavaban una aguja en el centro del corazón. Puse mi mano en el pecho y al hacer un gesto de dolor la doctora me preguntó si me pasaba algo. Respondí que no, que tai vez eran mis nervios, pero ese dolor y la sensación de tener algo clavado en el corazón me empezaba a preocupar, ya que nunca he padecido males cardiacos. Más tarde le dije al maestro So ham lo que me ocurría y procedió a explorarme energéticamente. Me dijo que tenía una astilla clavada en el pecho y que un ser de oscuridad la había puesto en mí, y en forma espiritual procedió a retirarla. Tal vez sea difícil creerlo, pero en cuanto hizo esto el maestro So ham, el dolor desapareció. Todo esto era grabado con una cámara de video por Ignacio, e increíblemente, al revisar la grabación al final del caso, nos dimos cuenta de que cuando sentí la punzada la cinta registró que en mi pecho, a la altura del corazón, había una mancha alargada que parecía una sombra. Lo curioso es que cuando me movía y mi brazo pasaba varias veces por ese punto, la aparente sombra quedaba debajo y, como sabemos, una sombra no puede quedar debajo de otro cuerpo interpuesto frente a ella, necesariamente se tiene que reflejar en él. También notamos que después de que el maestro So ham retiró la astilla, la sombra desapareció en el video.</p><p>Los parasicólogos detectaron espiritualmente un ente, al que describieron como grande y poderoso, por lo que iniciaron un ritual acompañado de oraciones, algunas en latín y arameo. Encendieron varias velas y cercaron con ellas el área cercana a la escalera, y entonces bajó significativamente la temperatura y el detector de energía que llevaban consigo registraba actividad. Me acerqué para describir en mi trasmisión lo que estaba sucediendo. El clima era tenso y para asombro de los presentes se escuchó un estruendo terrible: a escasos centímetros de la doctora y de mí se estrelló una alacena de metal que había caído de la azotea.<br
/> Gracias a Dios no nos golpeó, pues nos habría causado lesiones graves o tal vez la muerte. De inmediato subimos a la azotea el maestro So ham y yo, pero no había nadie, sólo unas cajas con botellas y dos sillas maltrechas. No era posible que quien hubiera arrojado el mueble huyera, porque en caso de que hubiese corrido a esconderse en la casa fácilmente nos hubiéramos percatado de su presencia; además, era imposible que saltara a otra casa, porque no había casas contiguas con dos niveles. Sólo se podía escapar de la azotea con ayuda de una escalera, que por supuesto no se podía retirar y ocultar en unos segundos y sin hacer ruido.</p><p>Extrañados, bajamos nuevamente a donde se hallaban los demás y una persona de la casa nos dijo que ese mueble tenía como un año arrumbado en la azotea. En ese instante llegó Carlos, con quien platiqué unos minutos. La doctora y el maestro So ham subieron al primer nivel y mencionaron que cercaban cada vez más al ente. Recomendaron que nadie subiera, por lo que marcaron la zona con una hilera de velas al inicio de la escalera. Justo en ese momento entró a la casa la señora Teresa, familiar de las personas que allí habitaban, y me llamó la atención que sacara de un frasco un líquido que se untó en el cuello y la cara. La saludé, le pregunté acerca de la botella y me indicó que contenía un bálsamo especial. Al dirigirse a la escalera le señalé que esa zona estaba restringida por los parasicólogos y me respondió que no importaba, ya que ella tenía el don y podía ayudar. Apenas subió dos o tres escalones, se detuvo y comenzó a lanzar gritos aterradores.</p><p>—¡Ahí está! ¡Se me quiere meter! ¡Ayúdenme, por favor!<br
/> Al mismo tiempo, desesperadamente descendía, con gestos de miedo y angustia. La tomé del brazo y traté de tranquilizarla y pronto bajó el maestro So ham a ver qué ocurría. Al enterarse habló con la señora y le explicó el riesgo de permanecer cerca del ente. Los familiares sacaron una silla al patio y sentaron a la señora, quien después de lo ocurrido quedó con cara de estar sumamente impresionada, sudaba y casi no articulaba palabra. Yo continué la transmisión en espera de los que los parasicólogos dieran su comentario respecto del caso. Más tarde explicaron que, efectivamente, se encontraba un demonio de gran nivel, pero también el espíritu de una bruja que en vida fue experta en artes oscuras, y que ambos tenían atrapadas varias almas a las que torturaban. Seguramente alguien los había llamado, quizá con el juego de la ouija.</p><p>Pasaron quince minutos y la señora Teresa seguía con una notable expresión de horror. Sus hermanas intentaban reanimarla. Yo me acerqué a preguntarle si ya estaba bien.<br
/> —Aquí está y se me quiere meter —dijo—. Hagan algo, por favor.<br
/> Y señalaba el primer escalón.<br
/> Le indique que quitara inmediatamente ese pensamiento de su mente y se dirigiera a Dios. Y llamé nuevamente al maestro para que la tranquilizara.<br
/> El parasicólogo la tomó de los hombros y, mirándola a los ojos, le dijo:<br
/> —Mira, Tere, respira profundo, ten calma, todo va a estar bien. Pide a quien le tengas más fe que te proteja y no pienses más en eso.</p><p>Impresionantemente, la cara de doña Tere empezó a cambiar. Sus ojos se tornaron rojos y brillantes, acompañados de unos gestos de cólera, y hablando con voz ronca y cavernosa le gritó al maestro.<br
/> —¡Conmigo no van a poder! ¡Me llamaron y nunca me voy a ir de aquí!<br
/> Y en forma perversa se carcajeaba.<br
/> Inmediatamente los familiares de la señora corrieron al otro extremo del patio, mientras el lugar era invadido por un extraño frío. El chofer que nos acompañaba salió despavorido y llamé a la doctora. Los dos parasicólogos empezaron a orar en latín y arameo en voz alta, a la vez que le ordenaban al demonio que saliera del cuerpo de la señora, en nombre de Dios. Doña Tere gesticulaba en forma muy marcada y emitía gritos, gemidos y palabras en otra lengua. Yo me encontraba en medio de los tres, lógicamente impresionado por lo que estaba sucediendo.</p><p>Entre oraciones y gritos, repentinamente se le inflamó el cuello a la señora, abrió una gran boca y, ante el asombro de todos, lanzó un alarido ensordecedor. Pero no con una sola voz. Los presentes fuimos testigos de que de la boca de doña Tere salían más de diez voces. Sé que es difícil de creer, pero surgían al mismo tiempo. Después del esfuerzo enorme, la señora cayó desmayada. Los parasicólogos seguían orando, mientras los que estábamos en el lugar permanecíamos callados y sorprendidos. La angustia de los familiares se hacía presente cada vez más, les preocupaba mucho lo que estaba pasando con la señora y presenciaban atónitos la terrible escena.</p><p>Pasaron unos 20 minutos, la señora volvió en sí y comenzó a llorar. El maestro indicó a los familiares que a doña Tere se le había metido un ser oscuro, pero ya se había ido, y explicó que como acababa de entrar al cuerpo fue relativamente fácil sacarlo. Los familiares corrieron hacia doña Tere para abrazarla y calmarla, y ella se mostró desconcertada por que no recordaba nada de lo sucedido. Los parasicólogos advirtieron a los presentes de que no cruzaran la zona que habían restringido, porque aquello aún no terminaba. Más tarde, informaron que las almas que estos seres atormentaban habían encontrado la luz y estaban en el plano de existencia que les pertenecía. Al espíritu de la bruja y a los seres de oscuridad los habían confinado al lugar que les correspondía y la puerta que 20 años atrás había sido abierta al fin estaba cerrada y así quedaría mientras no la volvieran a abrir.</p><p>Como a la una treinta de la mañana nos retiramos de ese lugar. Una de las cosas que más me agradan de mis radioescuchas es la gran preocupación que manifiestan ante casos como éste; afortunadamente se comportan como si fuéramos una gran familia.<br
/> Camino a la emisora me puse en contacto con mi productora Georgina Avilez, quien me informó que había recibido un gran número de correos electrónicos y llamadas telefónicas de gente que manifestaba su preocupación por doña Tere y había unido sus oraciones para que ella dejara de sufrir. Créanme que hacer esto por una persona a la que ni siquiera conocen los llena de bendiciones. Algunas personas también preguntaron si era malo escuchar situaciones como éstas. Ya he explicado al aire en diferentes ocasiones que el único riesgo es que se sugestionen, y por eso siempre les pido que escuchen como algo ajeno a ellas las historias y las transmisiones desde los lugares donde ocurren cosas paranormales. Lo que transmitimos ocurrió o le está pasando a otras personas en lugares lejanos, y el hecho de escucharlo a través de sus aparatos de radio no representa el menor riesgo. No así para quienes estamos en contacto directo, en persona o por teléfono, con un.hecho o con una persona que esté viviendo alguna situación sobrenatural seria. Y déjenme decirles que en varias ocasiones, escuchando ciertos casos, nos han ocurrido cosas serias en la cabina. Ahora les narraré uno de los casos mas impactantes de La Mano Peluda, que causó hechos sobrenaturales en la cabina.</p><p><em>Juan Ramón Saenz &#8211; La Mano Peluda</em></p></div><p>Entradas Relacionadas:<ol><li><a
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href="http://marcianos.com.mx/muerte-en-el-metro/">Muerte en el metro.</a></p><p>Arturo, un trabajador del metro, como cada tercer día citó a su novia Angélica en una estación subterránea de ese medio de transporte. En ese lugar, el día anterior, había ocurrido un terrible accidente en el cual un hombre murió despedazado al caer a las vías del tren. Al llegar la novia, Arturo le contó [...]</p></p><p><a
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style="text-align: justify;"><img
class="size-full wp-image-7824 alignleft" title="Tunel_I_by_lautremont" src="http://marcianos.com.mx/wp-content/uploads/2009/10/Tunel_I_by_lautremont.jpg" alt="Tunel_I_by_lautremont" width="350" height="450" />Arturo, un trabajador del metro, como cada tercer día citó a su novia Angélica en una estación subterránea de ese medio de transporte. En ese lugar, el día anterior, había ocurrido un terrible accidente en el cual un hombre murió despedazado al caer a las vías del tren. Al llegar la novia, Arturo le contó lo sucedido y la llevó al sitio preciso donde el hombre había muerto. Todavía se observaban grandes manchas de sangre seca.</p><p
style="text-align: justify;">Angélica, al escuchar la narración de su novio se empezó a sentir mal. Extrañamente, la cabeza le comenzó a doler de una manera intensa y se sintió mareada, lo que hizo que Arturo la llevara a su casa. Días más tarde, Angélica, aunque siempre había sido escéptica, tuvo sus primeras experiencias sobrenaturales. Primero llegaron unas pesadillas en las que un hombre descarnado le quería hacer daño. Luego, sentía que se sentaban en su cama y la descobijaban. Y llegó el momento en que estas situaciones tenían tan asustada a la joven, que lo reveló a su familia. No le creyeron, le dijeron que estaba sugestionada por lo del accidente ocurrido en el trabajo de su novio y que mejor lo olvidara. Algo semejante ocurrió con sus amigas, que al escuchar el relato se burlaron de ella.</p><p
style="text-align: justify;">Las situaciones paranormales se le manifestaron cada vez más. La vida de Angélica había cambiado, ahora era una mujer retraída y el mínimo ruido la exaltaba. Creía que se estaba volviendo loca y un día, acostada en su cama, vio la sombra de un hombre y, cuando intentó pedir auxilio, quedó paralizada. La sombra se acercó a ella y dijo con desesperación:</p><p
style="text-align: justify;"><span
id="more-7823"></span></p><blockquote
style="text-align: justify;"><p>—Yo no debía morir. Ese hijo de p&#8230; me aventó a las vías para quedarse con mi parte de lo que habíamos robado. Angélica, tú serás quien vengue mi muerte. Si lo haces te prometo que te daré mucho dinero. Y si te niegas, nunca, óyelo bien, nunca te dejaré en paz.<br
/> Angélica apenas soportó tener frente a ella una cara descarnada que olía a podrido y al cabo no pudo más, perdió el sentido y más tarde despertó gritando:<br
/> —¡Mamá! Dile que se vaya, dile que se vaya, mamá. La familia acudió inmediatamente al cuarto de Angélica y se percató de que había un fuerte olor a drenaje y un frío intenso. Todos estaban consternados y hasta que amaneció la familia estuvo tranquilizando a la joven, sin lograrlo del todo.</p></blockquote><p
style="text-align: justify;">Los padres de la joven no sabían qué hacer ni qué le pasaba a su hija. Por un momento pensaron que ella consumía drogas o necesitaba ayuda médica. Por tanto, al día siguiente la llevaron con un sicólogo.  El médico informó que la muchacha estaba muy alterada de los nervios y era conveniente que la sometieran a una serie de estudios para descartar la posibilidad de una csqui/ofrenia. Le recetó calmantes y le aconsejó que guardara reposo y evitara las emociones fuertes. Por unos días Angélica se quedó en casa atendiendo las indicaciones del médico. Dormía junto a su madre y cesaron las sil naciones extrañas.</p><p
style="text-align: justify;">Pero cierto día que la mamá estaba fuera de casa y sólo la acompañaban sus hermanos, la voz llegó de nuevo a sus oídos:</p><blockquote
style="text-align: justify;"><p>—Angélica, Angélica&#8230; Me has desobedecido, pero ahora te ordeno que vayas al lugar donde me mataron.<br
/> La joven, como hipnotizada, salió de su casa y se dirigió apresuradamente al lugar indicado por el ser maligno. Sin saber cómo, llegó a la estación del tren subterráneo, que se encontraba repleta de pasajeros, pues era una hora de mucha actividad. Se ubicó frente al sitio del fatal accidente y comenzó a avanzar hasta la orilla del andén. De nuevo, la voz le indicó:<br
/> —Cuando veas que el tren se acerca, te arrojas a las vías. Por cobarde, ahora me vas a acompañar en este infierno toda la eternidad.<br
/> En ese momento un tren se acercaba al punto donde se hallaba Angélica, y en el momento preciso en que iba a lanzarse alguien la tomó del brazo y la detuvo:<br
/> —Muchacha, ¿qué te pasa? ¿Estás loca? Te vas a caer.</p></blockquote><p
style="text-align: justify;">En ese momento Angélica reaccionó. Con sorpresa se dio cuenta de lo que había estado a punto de hacer; además, no se explicaba cómo había llegado a ese lugar. En seguida se volvió para ver quién la había detenido, pero no había nadie cerca.<br
/> Ante la mirada atónita de los presentes, envuelta en llanto y desesperación, inició el regreso a su casa, donde encontró a su madre muy preocupada por la ausencia de la joven. Angélica le refirió lo sucedido y la angustia familiar creció. Angélica me llamó para relatarme lo anterior y la cité el día siguiente. Envié una camioneta para que las recogiera a ella y a su madre y en cuanto llegaron a la emisora las hice pasar a la sala de espera. Salí a atender otros asuntos y a mi regreso vi que Angélica se había desmayado. En ese momento ya se encontraba allí el maestro So ham, acompañado de la maestra Kumari, y entre los dos trataban de reanimar a la joven.</p><p
style="text-align: justify;">Inicié la transmisión sin que la muchacha se restableciera por completo. Más tarde el maestro me informó que la joven estaba despierta pero un espíritu de oscuridad se encontraba dentro de ella. Le indiqué que pasaran a la cabina y los parasicólogos comenzaron su labor. Angélica mostraba una rara actitud. Su mirada en ocasiones se perdía y su voz era gruesa. La madre se encontraba asustada y desconcertada, mientras el maestro, frente a mí y los micrófonos, la interrogaba:</p><blockquote
style="text-align: justify;"><p>—¿Quién eres? ¿Por qué estás dentro de esta joven?<br
/> Y Angélica respondía con voz gruesa y pausada.<br
/> —¡Qué te importa! Déjame en paz. Ella es mía y me la voy a llevar.<br
/> &#8211;¡No te la vas a llevar! Voy a invocar a san Miguel arcángel. Te va a sacar de aquí y te llevará a los infiernos<br
/> dijo el maestro.<br
/> ¡Vete a la chin&#8230;! Ni tú ni nadie podrá impedirlo.<br
/> ¡Ja ja ja!</p></blockquote><p
style="text-align: justify;">Y nuevamente Angélica se desmayó. La mamá lloraba desconsolada y le pedí a mi productor Ignacio Muñoz que la sacara de la cabina porque se estaba poniendo muy mal. La verdad era una situación de miedo y muy tensa. Los parasicólogos se enfrentaban a un caso difícil y me indicaron que se trataba de un espíritu de oscuridad sujetado por varios demonios. Pero la transmisión tenía cine continuar. Tuvimos cuidado de que este espíritu no mili/ara a Angélica para lanzar al aire palabras obscenas, ni arrojara algún tipo de maldición, pues esto podría sugestionar a los radioescuchas.</p><p
style="text-align: justify;">Los parasicólogos lograron despertar a la joven y la llamaron por su nombre, pero ella no respondía ni como Angélica ni como el espíritu que tenía dentro. Comenzaron a decir unas oraciones y después de aproximadamente 30 minutos la muchacha lanzó un fuerte alarido y cayó inconciente. Por suerte, el sonido emitido por la joven ocurrió en el espacio de comerciales, pues de haber salido al aire muchas personas se hubieran llevado una fuerte impresión. El programa continuó y, antes de volver del corte comercial, mi productora Gina dijo que el departamento de seguridad había reportado que en la entrada estaban unas personas que escuchaban el programa y les llamó la atención la historia. Semanas atrás habían perdido un familiar en circunstancias semejantes a las del hombre arrollado por el tren, pero no sabían a qué estación se refería Angélica, porque nunca lo mencionamos.<br
/> El caso se tornaba todavía más misterioso e interesante, así que hice pasar a tales personas y, sin charla previa, platiqué con ellas al aire. Indicaron que traían documentos que confirmaban su dicho y mostraron una acta de defunción y otros documentes que acreditaban la muerte de su familiar en una estación del tren subterráneo. Cotejamos las fechas y coincidían.</p><p
style="text-align: justify;">Angélica estaba reponiéndose de lo que había experimentado momentos antes y al escuchar lo que decían estas personas se puso nerviosa. Le indiqué que todo había terminado, que se calmara. Los recién llegados dijeron que el principal propósito de su visita a la cabina era asegurarse de que se trataba de la misma persona, y de ser así querían conocer el nombre de quien la arrojó a las vías para comunicarlo a las autoridades y que lo aprehendieran. Entonces mostraron una fotografía del occiso. Le pregunté a Angélica si quería ver la fotografía y dijo que sí. Y al verla, alarmada exclamó:<br
/> —¡Sí! ¡Sí es! Va a regresar. Ayúdenme, por favor.</p><p
style="text-align: justify;">El maestro So ham la sai o de la cabina inmediatamente. De manera increíble, se trataba de la misma persona cuyo espíritu había atormentado por semanas a Angélica, pero este ser maléfico nunca dijo el nombre de su verdugo, que seguramente anda por ahí haciendo fechorías.</p><p
style="text-align: justify;">Fue un caso lleno de situaciones sobrenaturales, de angustia y de tragedia, que estuvo a punto de esclarecer un delito. A los familiares del fallecido el caso sólo les aportó el conocimiento de que se trataba de un homicidio y no de un accidente, tal como se mencionó al aire, y están en espera de que las autoridades algún día esclarezcan este singular crimen.</p><p
style="text-align: justify;">Todo indicaba que el espíritu había abandonado el cuerpo de Angélica, ella semiconsciente aún, comenzó a sudar y dijo que tenia mucho frió. Poco después Angélica manifestó que sentía náuseas y deseaba vomitar, y lo hizo arrojando una pestilente bocanada de una sustancia entre verde y negruzca. Hoy en día Angelica asiste a la escuela normalmente y sólo le queda el recuerdo de lo que fúe sin duda la pesadilla más horripilante de su vida.</p><p
style="text-align: justify;">La mano peluda &#8211; Juan Ramón Saenz.</p></div><p>Entradas Relacionadas:<ol><li><a
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