Octubre 14 2009
Muerte en el metro.
Arturo, un trabajador del metro, como cada tercer día citó a su novia Angélica en una estación subterránea de ese medio de transporte. En ese lugar, el día anterior, había ocurrido un terrible accidente en el cual un hombre murió despedazado al caer a las vías del tren. Al llegar la novia, Arturo le contó lo sucedido y la llevó al sitio preciso donde el hombre había muerto. Todavía se observaban grandes manchas de sangre seca.
Angélica, al escuchar la narración de su novio se empezó a sentir mal. Extrañamente, la cabeza le comenzó a doler de una manera intensa y se sintió mareada, lo que hizo que Arturo la llevara a su casa. Días más tarde, Angélica, aunque siempre había sido escéptica, tuvo sus primeras experiencias sobrenaturales. Primero llegaron unas pesadillas en las que un hombre descarnado le quería hacer daño. Luego, sentía que se sentaban en su cama y la descobijaban. Y llegó el momento en que estas situaciones tenían tan asustada a la joven, que lo reveló a su familia. No le creyeron, le dijeron que estaba sugestionada por lo del accidente ocurrido en el trabajo de su novio y que mejor lo olvidara. Algo semejante ocurrió con sus amigas, que al escuchar el relato se burlaron de ella.
Las situaciones paranormales se le manifestaron cada vez más. La vida de Angélica había cambiado, ahora era una mujer retraída y el mínimo ruido la exaltaba. Creía que se estaba volviendo loca y un día, acostada en su cama, vio la sombra de un hombre y, cuando intentó pedir auxilio, quedó paralizada. La sombra se acercó a ella y dijo con desesperación:






